La ansiedad por la salud, que se estima que afecta a entre el 4% y el 12% de la población, es una preocupación creciente, especialmente entre los adultos jóvenes. Esta condición implica un miedo persistente a enfermarse a pesar de la tranquilidad médica. El aumento de la ansiedad por la salud en los últimos 30 años, exacerbado por la COVID-19 y el acceso irrestricto en línea a información médica, está cambiando la forma en que las personas perciben y gestionan su bienestar.
Por qué esto es importante: La creciente prevalencia de la ansiedad por la salud no es solo una cuestión individual. Pone a prueba los sistemas de salud, fomenta pruebas médicas innecesarias y disminuye la calidad de vida. Además, la facilidad con la que las personas se autodiagnostican en línea, un fenómeno conocido como cibercondría, puede llevar a decisiones mal informadas y a un mayor miedo.
¿Qué impulsa la ansiedad por la salud?
Los psicólogos clasifican la preocupación excesiva por la salud en varias categorías diagnósticas: trastorno de ansiedad por enfermedad, trastorno de síntomas somáticos y trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).
- El trastorno de ansiedad por enfermedad implica obsesionarse con tener una afección no diagnosticada, incluso con evaluaciones médicas negativas.
- El trastorno de síntomas somáticos combina la ansiedad con síntomas físicos reales, lo que amplifica las preocupaciones.
- La ansiedad por la salud relacionada con el TOC se manifiesta como pensamientos intrusivos (obsesiones) y comportamientos compulsivos como revisiones constantes del cuerpo o búsqueda de tranquilidad.
La ansiedad normal por la salud puede ser productiva y motivar la atención preventiva. Pero cuando se vuelve debilitante, deja de ser útil. Como señala un experto, “la ansiedad no te hace más saludable”.
Cómo afrontar la situación: estrategias probadas
Los psicólogos recomiendan la prevención de exposición y respuesta (ERP), una técnica de terapia cognitivo-conductual (TCC), como estándar de oro para controlar la ansiedad por la salud. ERP capacita a las personas para enfrentar sus miedos sin caer en conductas compulsivas. Sin embargo, existen varias medidas prácticas que también pueden mitigar la preocupación excesiva:
1. Limite la investigación en línea: Las cámaras de eco de Internet refuerzan las ansiedades a través de la negatividad y el sesgo de confirmación. Establezca límites de tiempo estrictos para la verificación de síntomas (por ejemplo, 20 minutos) para evitar caer en los peores escenarios.
2. Reformule los pensamientos ansiosos: Trate los pensamientos intrusivos como si fueran matones; neutralizarlos desestimando su poder. En lugar de argumentar en contra de un miedo, simplemente reconózcalo sin comprometerse: “¿Y qué?” Esto interrumpe el ciclo de ansiedad.
3. Identificar y gestionar los desencadenantes: Reconocer lo que desencadena la ansiedad por la salud (noticias, exposición a enfermedades, sensaciones físicas) permite un manejo proactivo. Enfrentar los factores desencadenantes de frente, en lugar de evitarlos, disminuye su control.
4. Considere la posibilidad de recibir ayuda profesional: Si la ansiedad por la salud interfiere con la vida diaria, busque terapia con un profesional capacitado en TCC. La terapia de conversación tradicional puede ofrecer apoyo, pero el ERP proporciona herramientas específicas para afrontar y gestionar la ansiedad sin buscar tranquilidad.
La comida para llevar
La ansiedad por la salud es un problema creciente, impulsado por los factores estresantes modernos y el acceso digital. El manejo eficaz requiere un compromiso consciente con la información, estrategias de comportamiento para neutralizar los pensamientos ansiosos y, cuando sea necesario, intervención profesional. El objetivo no es eliminar por completo la preocupación, sino recuperar el control sobre ella, permitiendo una vida más sana y equilibrada.
