Campeones olímpicos Kam y O’Shea: la ventaja mental detrás de su oro

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El oro olímpico de Ellie Kam y Danny O’Shea en patinaje artístico por parejas no se debió solo a una técnica impecable; se forjó en una dinámica sorprendentemente humana. La pareja, un patinador de la Generación Z y una pareja millennial, manejan personalidades tremendamente diferentes tanto dentro como fuera del hielo. Su entrenador, Drew Meekins, bromea diciendo que a veces se siente más un terapeuta de pareja que un instructor de patinaje.

El contraste que funciona

Kam, de 21 años, prefiere pasar las mañanas durmiendo, mientras que O’Shea, de 35 años, se levanta con el sol para hacer caminatas y comenzar el día tranquilamente. Esta diferencia fundamental se manifiesta a diario en la pista, donde O’Shea saluda al mundo con energía y Kam necesita espacio para adaptarse.

“Danny llega con una gran sonrisa todos los días y yo digo: ‘Espera, necesito un segundo. Por favor, apaga el sol’”, dijo Kam. ¿La respuesta de O’Shea? Respetar su espacio mientras se mantiene lista para actuar. Su entrenador enfatiza que comprender los estilos de comunicación de cada uno es crítico para el éxito.

Recuperación de lesiones y el poder de los informes

Su viaje hacia el oro no fue perfecto. Ambos patinadores lucharon consecutivamente contra lesiones que amenazaron su candidatura olímpica. Después de un breve programa inestable en la prueba por equipos, necesitaban un patinaje perfecto para conseguir el oro. Cumplieron, pero su éxito no se debió solo a la habilidad física.

Meekins emplea un proceso intensivo de “información” después de las competiciones. Lleva a la pareja a una cafetería durante horas para analizar qué funcionó, qué falló y cómo se sintió todo. Este análisis posterior a la competencia no trata de soluciones inmediatas; se trata de aprender del proceso cuando la presión no permite la reflexión en el momento.

Romper la tensión con el absurdo

Para mantener la atmósfera alegre, Meekins ocasionalmente utiliza métodos no convencionales. Antes de una sesión de entrenamiento crucial, una vez instaló un simulacro de barra de martinis en la pista, con música de jazz, una vela y martinis de café, solo para forzar un descanso de la tensión. ¿El objetivo? Para recordarles que patinar puede volver a ser divertido, incluso bajo una inmensa presión.

El juego mental: confianza y perdón

Kam y O’Shea atribuyen su fortaleza mental a la terapia, tanto individual como compartida. Kam señala que la madurez personal fue esencial para la asociación. O’Shea enfatiza que el patinaje en parejas exige máxima confianza, especialmente teniendo en cuenta los riesgos inherentes. Kam sufrió una conmoción cerebral durante el entrenamiento, lo que subraya la necesidad de apoyo mutuo.

Su dinámica, dicen, se trata de perdonar y dejar las tensiones fuera del hielo en la puerta. “Si ocurre una falta de comunicación fuera del hielo, realmente hemos aprendido a dejarlo a un lado, dejarlo fuera del hielo y… perdonarnos unos a otros”, afirmó Kam.

Conclusión:

La medalla de oro de Kam y O’Shea no es sólo una victoria del atletismo; es un testimonio de una asociación basada en la comprensión, el humor y la autoconciencia implacable. Su historia subraya cuán crucial es la preparación mental para el desempeño de élite, incluso (o especialmente) en el mundo de alto riesgo de la competencia olímpica.

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