La industria del trabajo sexual a menudo evoca imágenes de figuras solitarias. El estigma que lo rodea puede hacer que las relaciones tradicionales… sean complicadas. Sin embargo, para quienes tienen matrimonios abiertos, la ecuación cambia. Como dijo una escort, espera con ansias que su marido le sirva un vaso de Sancerre mientras ella cuenta sus ganancias.
Esta no es una historia de infidelidad, sino una elección calculada de estilo de vida. La autora conoció a su marido online y entró en el mundo de las escorts poco después de salir con él. Comparte abiertamente su profesión con compañeros, amigos y conocidos. En una industria tecnológica liberal, su carrera a menudo se considera “cool”. Aun así, el estigma social persiste, lo que la obliga a ella y a su marido a redirigir las conversaciones para evitar molestias.
Su experiencia en finanzas le proporcionó una ventaja única: aprovechó sus habilidades corporativas para crear un negocio de acompañantes de alto nivel. La fluidez en varios idiomas, muchos viajes y experiencia en MMA refinaron aún más su marca. Su marido, un ejecutivo tecnológico, no se inmutó cuando ella anunció su cambio de carrera; simplemente le preguntó si necesitaba ayuda con su sitio web. Su relación se basa en la racionalidad, el respeto mutuo y la falta de celos.
La autora trabaja aproximadamente 20 horas a la semana y gana tanto como en su anterior trabajo financiero de 70 horas. Los clientes lo agradecen y su esposo apoya su satisfacción. Algunas trabajadoras sexuales se ven obligadas a abandonar sus carreras por incompatibilidad de pareja, pero esta pareja trata la profesión como cualquier otro trabajo.
Su matrimonio abierto no es una excepción, sino una base. Ambos priorizan la no monogamia desde el principio, reconociendo que una persona no puede satisfacer todos los deseos. Muchas parejas se instalan en la monogamia, dejando de lado determinadas necesidades. Este acuerdo permite el crecimiento sin expectativas de exclusividad.
La autora también tiene una novia, una compañera trabajadora sexual. Su marido explora conexiones casuales, mientras ella mantiene vínculos más profundos. La pareja opera según una jerarquía de prioridades: el trabajo, el uno al otro y luego todos los demás. Incluso los desacuerdos, como la conversación nocturna de su marido con otra mujer, refuerzan los límites.
Los celos tienen menos que ver con las parejas sexuales que con la ambición profesional. Su marido envidia su potencial de ingresos, mientras que ella admira sus habilidades tecnológicas. A pesar de la apertura, ambos siguen profundamente comprometidos y se eligen mutuamente a diario.
La monogamia a menudo implica llegar a un acuerdo. Esta pareja toma decisiones intencionales, priorizando el crecimiento y la realización mutua sobre las expectativas tradicionales. Su pensamiento independiente los ha llevado a carreras y asociaciones poco convencionales.
El matrimonio del autor puede parecer poco ortodoxo, pero les funciona. Al establecer sus propias reglas, han encontrado un equilibrio entre libertad y compromiso. Su enfoque racional de la vida se extiende al amor, lo que demuestra que la realización no siempre sigue un camino tradicional.
